Cómo reclamar deudas entre particulares
Guía para reclamar deudas entre particulares: pruebas, burofax, negociación y demanda. Pasos claros para recuperar tu dinero con seguridad.
Índice
- Cuándo se puede reclamar una deuda entre particulares
- Pruebas y documentación que más pesan
- Cómo calcular cuantía, intereses y gastos
- Reclamación extrajudicial paso a paso
- Burofax y requerimientos: qué deben decir
- Negociación y acuerdos de pago seguros
- Qué procedimiento judicial elegir
- Cómo preparar la demanda y la prueba
- Después de la sentencia: ejecución y embargo
- Preguntas frecuentes
Cuándo se puede reclamar una deuda entre particulares
Reclamar deudas entre particulares es posible cuando existe una obligación de pago clara, vencida y exigible. Dicho de forma sencilla: alguien te debe dinero, ya ha pasado el momento pactado para devolverlo y, aun así, no paga. Esto sucede con préstamos entre amigos o familiares, pagos adelantados por un servicio que no se presta, ventas de segunda mano con precio aplazado, devoluciones pactadas por cancelaciones, o incluso anticipos para una reforma o un viaje que quedan sin regularizar.
Un punto importante es que la deuda no siempre necesita un contrato firmado para poder reclamarse. En la práctica, muchas deudas entre particulares nacen de acuerdos verbales y se apoyan en pruebas indirectas. Lo que marca la diferencia es la posibilidad de acreditar el acuerdo y el impago con un mínimo de solidez. Mensajes, transferencias, justificantes o conversaciones donde el deudor reconoce que debe una cantidad suelen ser decisivos.
Idea clave: una reclamación de deuda funciona mejor cuando puedes demostrar tres cosas: que entregaste el dinero o el valor, que la otra persona aceptó devolverlo o pagarlo, y que el pago no se ha realizado pese a estar vencido.
También conviene comprobar si la deuda está sujeta a un plazo de prescripción. En España, muchas acciones personales prescriben con el paso del tiempo, y eso puede impedir reclamar si se deja dormir el asunto. Por eso, aunque el problema sea incómodo, es recomendable actuar con diligencia, ordenar pruebas y hacer un requerimiento formal que deje rastro. En deudas pequeñas, una gestión bien planteada suele ahorrar discusiones y acelera acuerdos; en deudas medianas o altas, la preparación previa es lo que permite reclamar con firmeza sin improvisaciones.
Por último, ten en cuenta que reclamar no significa necesariamente ir a juicio. De hecho, una buena reclamación extrajudicial suele ser el camino más rápido: fija la cuantía, establece un plazo de pago, propone opciones de solución y, si toca, prepara el terreno para un procedimiento judicial. Cuando el deudor entiende que hay pruebas, que el importe está bien calculado y que hay una vía legal lista para activarse, el porcentaje de pagos o acuerdos suele subir de manera notable.
Pruebas y documentación que más pesan
En una reclamación de deudas entre particulares, la prueba es el motor del caso. No se trata de reunir papeles sin orden, sino de construir un relato coherente: cuándo se entregó el dinero, para qué, qué se pactó, cuál era el plazo de devolución y qué pasó después. La mejor prueba es la que enlaza esos pasos de forma natural y difícil de discutir.
Los justificantes bancarios tienen un valor enorme porque son objetivos. Transferencias, Bizum, ingresos en efectivo con concepto, o movimientos que demuestran la salida del dinero hacia el deudor. Si en el concepto aparece “préstamo”, “devolución”, “señal”, “anticipo” o similar, mejor todavía. Si el concepto es neutro, no pasa nada, pero conviene reforzarlo con conversaciones o mensajes.
- Transferencias, Bizum e ingresos con fecha, importe y destinatario.
- Mensajes de WhatsApp, correo o SMS donde se hable del dinero, el plazo o el motivo.
- Reconocimientos de deuda, aunque sean simples, firmados o aceptados por escrito.
- Facturas, recibos, presupuestos aceptados o documentos de compraventa si hay una operación detrás.
- Capturas de pantalla y audios: útiles, pero mejor si se acompañan de contexto y se conservan originales.
Los mensajes donde el deudor reconoce la deuda son especialmente valiosos. Por ejemplo: “Te lo devuelvo el mes que viene”, “Sé que te debo X”, “No puedo pagarte ahora, pero en dos semanas”, o propuestas de pago parcial. Incluso discusiones donde no niega la deuda, sino que pone excusas, suelen ayudar. Eso sí, conviene exportar chats completos, con fechas, y guardar los archivos originales. Si solo aportas capturas sueltas, el contrario puede discutir el contexto.
Consejo práctico: crea una carpeta con subcarpetas: “Pagos”, “Chats”, “Documentos”, “Cronología”. Dentro, renombra cada archivo con fecha y una descripción corta. Cuando llegue el momento de reclamar, lo agradecerás.
Si hubo testigos del acuerdo, también pueden ser relevantes, aunque en deudas entre particulares la prueba documental suele ser más eficaz. Los testigos ayudan cuando el acuerdo fue verbal y hay pocos documentos, pero su fuerza depende de la credibilidad y de si pueden explicar hechos concretos, no opiniones. En resumen: cuanto más verificable sea la prueba, más sencillo será reclamar la deuda y más probable será cerrar un acuerdo sin juicio.
Cómo calcular cuantía, intereses y gastos
Antes de reclamar una deuda entre particulares, hay que fijar la cuantía con precisión. Parece obvio, pero muchos conflictos se enquistan por reclamar “aproximadamente” o mezclar conceptos. La cuantía principal es el dinero adeudado, es decir, la suma entregada o el precio pendiente de pago. A partir de ahí, se valora si procede añadir intereses y, en su caso, gastos derivados del impago.
Si el acuerdo incluía un interés pactado, hay que respetar lo firmado o lo aceptado por escrito. Si no hay interés pactado, a menudo se reclama el interés legal desde que el deudor incurre en mora, lo cual suele vincularse a un requerimiento fehaciente o a la fecha de vencimiento pactada. Para una reclamación bien preparada, lo recomendable es calcular un escenario conservador y otro completo. El conservador facilita el acuerdo rápido, y el completo sirve para sostener la reclamación si hay que ir a juicio.
Orden de cálculo recomendado: principal adeudado, fecha de vencimiento, pagos parciales si los hubo, saldo pendiente, intereses desde mora, y por último costes razonables derivados de la reclamación si se justifican.
Los pagos parciales deben reflejarse con claridad. Si el deudor ha ido abonando pequeñas cantidades, hay que indicar fecha e importe, y recalcular el saldo pendiente. Esto transmite seriedad y evita que el deudor intente confundir diciendo que “ya pagó algo” sin concreción. También es importante decidir si se reclama una suma única o si se reclaman conceptos separados. Por ejemplo, en un anticipo por un servicio no prestado, puede reclamarse la devolución del anticipo y, si se acredita un perjuicio claro, un daño adicional, aunque esta segunda parte exige más prueba y suele complicar el asunto.
En cuanto a gastos, conviene distinguir los gastos inevitables y los discutibles. Un envío de burofax, por ejemplo, es un gasto razonable y fácil de justificar. En cambio, “gastos por molestias” no suelen prosperar si no se acreditan. Si la idea es maximizar la probabilidad de cobro, a veces compensa mantener la reclamación limpia: principal más intereses bien calculados. Y si el deudor responde, usar esa base para negociar un plan de pagos realista, con fechas, importes y consecuencias en caso de incumplimiento.
Un cálculo correcto no solo sirve para el juicio. Sirve sobre todo para que el deudor vea que la reclamación está trabajada, que el importe está justificado y que no hay margen para discusiones improductivas. Esa sensación de orden suele ser el primer paso para que aparezca el dinero o, al menos, un acuerdo.
Reclamación extrajudicial paso a paso
La vía extrajudicial es, en la mayoría de casos, la forma más eficiente de reclamar deudas entre particulares. No solo porque puede evitar un procedimiento judicial, sino porque ordena el conflicto y deja constancia de que has intentado resolverlo de manera razonable. Un buen enfoque extrajudicial combina firmeza y claridad, sin amenazas vacías y sin textos emocionales.
El primer paso es preparar una cronología básica: fecha de entrega del dinero, motivo, plazo pactado, recordatorios previos y situación actual. Con esa cronología, redactas un requerimiento inicial por escrito. Puede ser un correo o un mensaje formal, pero lo ideal es que quede registro verificable. En ese requerimiento, conviene incluir el importe exacto, cómo se pagó inicialmente, el plazo que se dio y un nuevo plazo corto para regularizar.
- Identifica a las partes con nombre y apellidos, y si tienes, DNI y domicilio.
- Describe el origen de la deuda en dos o tres frases claras.
- Indica el importe, la fecha de vencimiento y el saldo pendiente actual.
- Concede un plazo razonable para pagar y ofrece un canal de contacto.
- Anticipa que, si no hay respuesta, se iniciarán acciones legales.
El segundo paso es gestionar la respuesta del deudor. Si contesta con voluntad de pagar, es buen momento para reconducir la situación hacia un acuerdo por escrito. Si contesta con evasivas, se puede proponer una última oportunidad con fecha concreta. Si no contesta o niega sin fundamento, entonces conviene pasar a un requerimiento fehaciente, como el burofax con acuse y certificación de contenido, para dejar constancia formal.
Claves de una reclamación extrajudicial eficaz: tono profesional, datos verificables, plazos claros, y una propuesta de solución. La combinación de orden y firmeza suele desbloquear pagos.
Un error frecuente es enviar textos demasiado largos, cargados de reproches, o con afirmaciones que no se pueden probar. Eso da munición al deudor y complica el caso. Es mejor escribir poco, pero con precisión. Si el caso es sensible por vínculo personal, también es útil separar lo emocional de lo económico: “Entiendo las circunstancias, pero necesito que regularices el importe pendiente. Propongo estas dos opciones de pago”.
En resumen, la reclamación extrajudicial es el puente entre el acuerdo informal y el procedimiento judicial. Si está bien hecha, muchas veces se queda en el puente: se paga o se firma un calendario de pagos sin necesidad de juzgado.
Burofax y requerimientos: qué deben decir
Cuando se habla de reclamar deudas entre particulares, el burofax suele aparecer como una herramienta decisiva. Su valor está en que aporta una prueba sólida del requerimiento: que se envió, a quién, cuándo, y qué se dijo. Esto ayuda tanto para presionar de forma legítima como para preparar un eventual procedimiento judicial.
Un burofax eficaz no necesita dramatismo. Necesita estructura. Lo ideal es que contenga una identificación completa de emisor y receptor, una exposición breve de hechos, el importe reclamado, un plazo final para pagar y un aviso claro de que, si no se paga, se ejercitarán acciones. En deudas entre particulares, también funciona muy bien incorporar un resumen de pruebas: “consta transferencia de fecha X por importe Y”, “constan mensajes de fecha Z donde se reconoce la deuda”, y similares.
Qué no debe faltar en el burofax: cuantía exacta, origen de la deuda, plazo de pago, datos para pagar, y una advertencia de acciones legales redactada con prudencia.
El plazo que se conceda depende del caso, pero suele ser efectivo un margen breve y razonable. Si se da un plazo demasiado largo, se pierde urgencia. Si se da uno irreal, se percibe como un gesto de confrontación. Además, si el deudor responde proponiendo un plan de pagos, es importante no aceptar de palabra. Hay que contestar por escrito y cerrar un acuerdo con fechas e importes.
Otro punto relevante es el domicilio. Si no tienes domicilio, es común que el deudor juegue a ser inlocalizable. En esos casos, ayuda reunir direcciones anteriores, domicilio que aparezca en un contrato, o dirección asociada a entregas o comunicaciones previas. El burofax no es magia: si no llega, no cumple su función completa. Pero incluso intentos razonables de notificación pueden ser útiles para demostrar que se ha actuado diligentemente.
Finalmente, el requerimiento debe ser coherente con lo que luego se pedirá judicialmente. Si en el burofax reclamas una cifra y luego demandas otra sin explicación, el contrario tendrá un argumento para cuestionar la seriedad del reclamo. Por eso conviene revisar el cálculo antes de enviar el burofax, y adjuntar o mencionar solo aquello que realmente puedas sostener con documentos.
Bien utilizado, el burofax es una señal clara: “esto va en serio, está documentado y hay un siguiente paso listo”. Y en deudas entre particulares, esa señal suele cambiar el comportamiento del deudor.
Negociación y acuerdos de pago seguros
En la práctica, muchas reclamaciones de deuda entre particulares se resuelven con negociación. No porque el deudor sea generoso, sino porque entiende que el problema no desaparece, y prefiere pactar antes que afrontar un procedimiento. La negociación funciona mejor cuando está guiada por un marco claro: lo que se debe, cómo se paga y qué pasa si no se cumple.
Lo primero es definir tu objetivo mínimo. Puede ser cobrar todo, cobrar casi todo, o cobrar en plazos. Si la alternativa es un pleito largo con incertidumbre, a veces una quita moderada o un calendario de pagos es razonable. Eso sí, los acuerdos deben ser seguros. Un acuerdo inseguro es aquel que solo existe en una conversación o en mensajes ambiguos. Un acuerdo seguro se recoge por escrito, identifica la deuda, y fija consecuencias ante incumplimiento.
- Identificación completa de acreedor y deudor.
- Reconocimiento expreso de la deuda y cuantía total.
- Calendario de pagos con fechas e importes.
- Medio de pago y justificantes, con obligación de indicar concepto.
- Cláusula de vencimiento anticipado si se incumple un plazo.
Si hay desconfianza, se puede reforzar el acuerdo con medidas adicionales. Por ejemplo, pactar una primera entrega inmediata como señal de buena fe, acordar domiciliación, o solicitar un avalista si procede. También puede contemplarse un documento de reconocimiento de deuda firmado, que es muy útil si el deudor vuelve a fallar. En algunos casos, formalizar el acuerdo ante notario puede añadir fuerza, aunque no siempre compensa por coste.
Regla de oro: si el deudor pide tiempo, pide también una firma. El tiempo sin documento suele convertirse en silencio.
Durante la negociación, cuida el tono. Ser firme no significa ser agresivo. Un lenguaje claro y profesional reduce el espacio para excusas. Y si el deudor intenta negociar con promesas vagas, reconduce: “Necesito fechas concretas y un primer pago antes del día X”. Si el deudor se enfada, no discutas. Vuelve al documento: deuda, prueba, plazo y solución. La negociación eficaz no es un debate emocional, es una gestión de riesgo y de cobro.
Cuando se cierra el acuerdo, guarda todo: documento firmado, justificantes de pagos, mensajes de confirmación, y cualquier comunicación. Si se incumple, tendrás una base impecable para reclamar. Y si se cumple, habrás recuperado tu dinero sin desgaste judicial.
Qué procedimiento judicial elegir
Si la reclamación extrajudicial no funciona, el siguiente paso es valorar la vía judicial. En España, no existe un único camino para reclamar deudas entre particulares: la elección depende de la documentación que tengas, la cuantía, y si prevés oposición del deudor. Elegir bien el procedimiento puede ahorrar meses y reducir costes.
Cuando la deuda está documentada de forma suficiente, una opción frecuente es el procedimiento monitorio. Suele ser adecuado si tienes documentos que acrediten la deuda, como transferencias con concepto, facturas aceptadas, reconocimientos de deuda, o comunicaciones claras. El monitorio es interesante porque permite requerir al deudor y, si no paga ni se opone, avanzar hacia ejecución.
Si anticipas que el deudor se opondrá, o si la deuda se apoya en prueba más discutible, puede encajar un juicio declarativo. Para cuantías menores, es habitual el juicio verbal; para cuantías mayores, el ordinario. Más allá del nombre, lo relevante es que estos procedimientos implican una fase más completa de alegaciones y prueba, y suelen tardar más que un monitorio sin oposición.
Cómo decidir: si tienes documentos claros y quieres una vía ágil, el monitorio suele ser la primera opción. Si la prueba es compleja o esperas una oposición combativa, conviene preparar un declarativo sólido desde el inicio.
También influye la localización del deudor y la posibilidad de notificarle. Si es difícil encontrarlo, algunos procedimientos se vuelven más lentos. Y, por supuesto, hay que valorar costes: tasas, procurador, abogado, y el tiempo invertido. En muchas deudas entre particulares, el punto decisivo es la relación coste beneficio. Un procedimiento puede tener sentido por cuantía, por principio, o porque el deudor tiene bienes embargables. En cambio, si el deudor es insolvente, quizá convenga negociar un acuerdo realista o, al menos, plantear una reclamación que permita embargar si en el futuro aparecen bienes.
Sea cual sea el procedimiento, lo que no cambia es la lógica del caso: prueba ordenada, cuantía bien calculada, y relato consistente. Si esos tres elementos están, la elección del procedimiento se convierte en una decisión estratégica y no en una apuesta a ciegas.
Cómo preparar la demanda y la prueba
Preparar una demanda para reclamar deudas entre particulares no consiste en “contar lo que pasó” sin más. Consiste en presentar hechos verificables, enlazados con documentos, y pedir al juzgado una consecuencia concreta: el pago de una cantidad, más intereses y, si procede, costas. Una demanda bien preparada reduce riesgos y aumenta la probabilidad de una resolución favorable.
Empieza por una cronología limpia de una página. A partir de ahí, crea un índice de documentos. Cada documento debe responder a una pregunta: ¿demuestra que entregué el dinero? ¿demuestra que se pactó devolverlo? ¿demuestra que está impagado? Si un documento no ayuda a ninguna de esas preguntas, probablemente sobra. En deudas entre particulares, la claridad gana a la cantidad.
- Documento de pago: transferencia, Bizum, recibo, o evidencia de entrega.
- Documento de pacto: contrato, mensajes, correos o reconocimiento de deuda.
- Documento de reclamación: requerimiento, burofax, o comunicaciones de impago.
- Cálculo: hoja simple con principal, pagos parciales e intereses si se reclaman.
Respecto a WhatsApp y mensajes, es recomendable aportar exportaciones completas cuando sea posible, para evitar discusiones de contexto. Si hay audios relevantes, conviene conservarlos y aportar una explicación clara de su contenido. En algunos casos, puede interesar una transcripción, siempre procurando que sea fiel. Si hay testigos, define qué hechos concretos pueden afirmar: entrega de dinero, conversación de pacto, promesa de devolución, o reconocimiento.
Evita estos errores: reclamar una cuantía sin justificar, mezclar varios préstamos o conceptos sin separar, o basar todo en capturas sueltas sin fechas. Son fallos que el deudor usará para dilatar o desacreditar.
También ayuda anticipar las defensas típicas del deudor. Algunas frecuentes son: “era un regalo”, “era una ayuda sin obligación”, “ya pagué en efectivo”, “no quedamos en plazo”, o “lo pagaría si me devuelves X”. Frente a eso, la preparación consiste en aportar pruebas que cierren el paso. Si el deudor alega pago en efectivo, pide prueba. Si dice que era un regalo, busca mensajes donde hable de devolución o plazo. Si dice que no hubo plazo, acredita requerimientos y respuestas.
Una demanda sólida también puede favorecer un acuerdo. Muchas veces, el deudor reacciona cuando ve un escrito coherente con documentos bien ordenados. Por eso, aunque el objetivo sea cobrar, el camino pasa por preparar como si fueras a juicio, incluso si esperas que se resuelva antes.
Después de la sentencia: ejecución y embargo
Ganar una reclamación de deuda entre particulares no siempre significa cobrar de inmediato. Si el deudor no paga voluntariamente tras una resolución favorable, entra en juego la fase de ejecución. La ejecución es el mecanismo legal para forzar el cobro mediante embargos de cuentas, nóminas, devoluciones, bienes o derechos del deudor, dentro de los límites legales aplicables.
Para ejecutar, suele ser necesario solicitarlo formalmente, indicando la cantidad pendiente, intereses y costas, y aportando datos del deudor. Cuanta más información tengas, más ágil puede ser el embargo. Por ejemplo, si conoces cuentas bancarias, empresa donde trabaja, o bienes a su nombre, se pueden orientar las averiguaciones. Si no se conoce nada, el juzgado puede realizar consultas, pero el proceso puede ser más lento.
En ejecución manda lo práctico: un deudor que no paga voluntariamente suele reaccionar cuando ve un embargo real. Por eso es clave aportar información útil y mantener el impulso del procedimiento.
En la realidad, hay deudores que no tienen bienes embargables, o los tienen pero intentan ocultarlos. En esos casos, la ejecución puede no dar fruto inmediato, pero aun así es importante porque deja constancia y puede activarse si el deudor mejora su situación. Además, el riesgo de embargo suele empujar acuerdos incluso en esta fase: pagos fraccionados, consignaciones o quitas para cerrar definitivamente.
Si el deudor tiene nómina, los embargos siguen reglas y límites que protegen un mínimo inembargable. Si tiene cuentas, el embargo puede ser más directo. Si tiene un vehículo o un inmueble, la vía es más compleja, pero también puede ser más efectiva por cuantía. En cualquier escenario, la estrategia consiste en priorizar lo que tenga mayor probabilidad de cobro con menor fricción.
Un punto que a menudo se pasa por alto es el seguimiento. La ejecución no es un botón mágico, requiere impulso: responder a notificaciones, aportar datos, solicitar medidas, y revisar resultados. Cuando se mantiene la presión legal de forma correcta, muchas deudas entre particulares se cobran precisamente en esta etapa, cuando el deudor entiende que ya no se trata de “promesas”, sino de consecuencias reales.
Preguntas frecuentes
¿Puedo reclamar una deuda si no hay contrato firmado?
Sí, es posible. En deudas entre particulares, el contrato escrito ayuda, pero no es imprescindible. Lo importante es acreditar el acuerdo y el impago con pruebas como transferencias, Bizum, mensajes donde se reconoce la deuda o documentos de entrega.
¿Sirven los WhatsApp como prueba para reclamar deudas entre particulares?
Suelen ser útiles, especialmente si el deudor reconoce la deuda o propone pagos. Para que tengan más fuerza, conviene conservar conversaciones completas con fechas, exportarlas cuando sea posible y evitar depender solo de capturas sueltas.
¿Qué plazo debo dar antes de demandar?
No hay un único plazo válido para todos los casos. En la práctica, funciona bien conceder un plazo breve y razonable tras un requerimiento formal. Lo importante es que quede constancia del requerimiento y de la fecha límite.
¿Qué pasa si el deudor dice que el dinero era un regalo?
Esa es una defensa típica. La forma de combatirla es aportar pruebas donde se hable de devolución, plazo, “préstamo” o cualquier reconocimiento. También ayuda que el pago tenga concepto o que existan mensajes posteriores reclamando y admitiendo.
¿Y si gano pero no cobra porque el deudor no tiene bienes?
Puede ocurrir. Aun así, una resolución favorable permite iniciar ejecución y mantener presión legal. Si el deudor mejora su situación, aparecen ingresos o bienes, la ejecución puede activarse y facilitar el cobro más adelante.
Si tu objetivo es reclamar deudas entre particulares con el máximo control, la clave está en dos ideas: ordenar prueba y actuar con constancia. Un requerimiento bien redactado, un cálculo correcto y una estrategia procesal adecuada suelen marcar la diferencia entre una deuda enquistada y un cobro efectivo.
¿Necesitas orientación legal?
Te explicamos opciones generales y, si lo solicitas, te ponemos en contacto con un profesional colegiado colaborador independiente.